177.


¿Qué se busca en la recreación de una imagen vivida? Tal vez alimentar otra imagen.

176.


Añade: no solo atrapaba la estación en la noche. Aproximarse a una ciudad provinciana o ir alejándose de ella cuando todavía la velocidad del tren es baja tiene algo de un cuadro de nocturnidad de Magritte. Las luces, las fachadas, las calles, todo está callado y el viajero observa el sueño de la estructura de los barrios. Donde se presume que viven humanos.

175.


Añoranza de aquellos recorridos de ferrocarril largos y lentos. La lectura se rentabilizaba más. Transcurso de los renglones versus avance del convoy. Se ponía el dedo en la página a la que se llegaba la lectura al detenerse el tren en una estación. Muchas estaciones eran en otro tiempo un libro abierto por sí mismas. Había que leerlas en unos minutos y absorber el ambiente pintoresco. Y si el viaje era por la noche el viajero se levantaba, salía a la plataforma y bajaba el tiempo de parada a participar de la madrugada de una estación. Un apunte: nada había o, en su caso, hay tan extraordinario y embriagante como una estación silenciosa en medio de la noche.

174.


El símil le conduce a lo físico. Medita entonces sobre la lectura ferroviaria. No sobre libros de tema ferroviario, que podría, los hay y apasionantes, sino porque se deja llevar en su butaca por el argumento del libro elegido. ¿Cuánto lee de seguido? ¿Cuántas interrupciones no tienen lugar? ¿Se pierde del texto a propósito? ¿Se aparta del viaje de las letras para satisfacer la mirada? ¿Combina observación externa con el desarrollo de la narración? Tanta mezcla ¿no genera un nuevo relato en su imaginación? Un viajero de larga distancia se acomoda perezosamente en su asiento, extiende las piernas, apoya los codos en los brazos de la butaca mientras sujeta un libro donde se cuenta la historia de un viajero que se dirige a una ciudad lejana...Sueña un cuento que empiece de manera análoga antes de retomar una y mil veces la lectura mientras el tren atraviesa llanuras.


173.




Tiene a veces por costumbre detenerse un poco antes de terminar la lectura de una narración sabrosa. Se queda ahí en medio de la vía. Alelado, impávido, risueño, soñador. Como si el semáforo no le diera luz verde y no quisiera llegar al desenlace, esa estación término tras la cual acaso ya no se abrirá jamás otra ciudad, otro paisaje, otro recorrido. 

172.


Hay tantas clases de libros como clases de trenes. De literatura más lenta o de desarrollo más vertiginoso. No hay que medir los libros por la velocidad de sus argumentos, sino por la amable invitación a hacer paradas, como aquellos trenes tranvías cada vez más inexistentes. Sin temor a que se ralentice su avance. Sin la obligación de terminar de leer apresuradamente el relato interesante. 

171.


Qué fructífero ejercicio es leer textos con enjundia del pasado para prevenirnos contra el presente.

170.


Lee también por curiosidad. Por saber cuánto de sí mismo existe en los personajes de las narraciones. Por conocer en qué proporción otros personajes que un autor ha fabricado como frankensteines, con muchas otras vidas reales e imaginarias, tienen parte de él.

169.



Ya lee menos por el interés de una trama que por otras atracciones. Lee, por ejemplo, por cómo se cuenta la trama y cuánto de invención hay en ella que le proporcione la profunda verdad del placer y del gozo.

168.


Creyó tanto en las verdades que éstas casi precipitan sus días hacia el vacío.

167.


Fingir, creernos nuestras invenciones, aparentar que nuestras propiedades de resistencia permanecen casi incólumes. Hacer de nuestros días una caridad de engaños que nos alarguen la voluntad de vivir.


166.


A medida que avanzamos en edad la dirección deseable se nos presenta más opaca. La ineludible, más nítida. Pero nos resistimos a aceptar la verdad, porque vivir es ante todo una práctica de ilusiones y fantasías. El método reflejo para mantenernos en pie.


165.


Alguien me dice esta mañana ante los avatares inciertos y las circunstancias dudosas: vamos a intentar mirar más allá, aunque no sepamos dónde. Es obvio el intento, si bien no siempre nos damos cuenta de que la dirección se suele presentar difuminada. Incluso desde nuestros años jóvenes mirar más allá fue siempre un ejercicio de ficción. Solo que entonces lo llamábamos planes o proyectos.   

164.




Soñar a golpe de extrañeza.

163.


Soñar para alimentar la mitad de la vida.


162.



¿Imaginamos cómo nos iría si antes de echar mano del maldito y letal recurso a la violencia -entre personas, entre pueblos, entre Estados- echáramos mano de la narración? Obviamente la muerte nos acabaría matando antes o después, pero no por desamor sino por aburrimiento. Porque no sabría hallar motivo, salvo nuestro propio y longevo agotamiento.


161.



Y vuelvo a encontrar otra cita de mi admirado Canetti. "Narrar, narrar, hasta que nadie muera. Las mil y una noches. Las millones y una noches."  La gran metáfora de la literatura universal, no importa si llegó desde lo persa, luego lo árabe, es la gran fórmula. Combatir con literatura, es decir con invención, la muerte y cuanto la causa.    

160.


Elías Canetti: "Mientras escribo me siento (absolutamente) seguro." Casi me dan ganas de apoderarme de la frase. Voy a ser más modesto: mientras escribo me siento. Pero puede ser un buen ejercicio la introspección acerca de lo que siento que me hace sentirme a mí mismo.


159.


Lo malo de soñar con amigos o familiares muertos es que estos te abandonan dos veces. Y te das cuenta al despertar que vuelves a reclamarles sin que el señor de los inferni te los devuelva. Eso sí, agradeces un día más que Caronte no te haya ofrecido sus servicios ni en sombra. 

158.


Ni en sueños se pierde el sentido arraigado del ego. ¿O todavía es más profundo ahí?

157.


Qué peculiares son los sueños. En los de la pasada noche vuelve a ver y a estar con dos amigos muertos. Qué amenas conversaciones. Cuántas preguntas y propuestas. Es lo bueno de los sueños. Que hablas a y con los muertos. 

156.


No es conveniente hablar del caos del Universo, cuyas leyes no son coincidentes con las nuestras. Más bien hay que circunscribirse al caos que las sociedades han generado. Que todo animal, de cualquier especie, y ahí el hombre no es algo diferente, está dotado de una tendencia natural que llamamos agresividad, es un hecho. Pero la agresividad para la lucha por la supervivencia es más fácil de explicar que la agresividad de las ideas que emponzoñan las mentes humanas. Hay algo de gratuito en el ejercicio de la agresividad humana. Sin embargo el tema es por qué se sienten amenazados unos hombres por otros tras tantos milenios de supuesta cultura y civilización.
  

155.


Explorar los orígenes y persistencia del mal en el interior de los humanos me lleva a la pregunta: ¿tendrá que ver el mal con el caos del Universo? Sin embargo el caos ha generado vidas, no se ha limitado a destruirlas. Pero el mal humano ¿a dónde conduce sino a la autodestrucción?

154.


Todos los días acontecen tantas cosas por encima de nuestras cabezas sobre las que no podemos decidir ni estamos capacitados para asimilar ni desviar siquiera su rumbo. ¿Hablo del destino? Palabra metafórica y literaria como pocas desde el principio de los tiempos orales y escritos. No la quiero pronunciar para no sacralizarla como suelen hacer muchos. Ni para hacerla propia. Hablo simplemente de la complejidad que nos desborda.


153.




¿Equidistante entre dos puntos? Siempre resistiendo ahí, fantaseando con que no se mueve. Pero la geometría de los cuerpos abstractos no respeta la sinuosidad de los cuerpos perdurables. Desgaste. Piensa más bien que no sabe ni dónde empieza ni dónde acaba. La cronología de una vida solo es una cuestión administrativa. Su mundo permanece profundo y sale a mirar para ampliarlo. Es y será siempre la viva imagen del caracol.



152.


Se imagina como el punto medio en un ejercicio de fuerzas de la soga tira. Conmocionado por la presión de dos gigantes que tiran de él sin que ninguno de ellos se lo lleve. ¿Será por esa razón por la que su cuerpo aparece pesado y oprimido en el indolente retorno a la conciencia de un nuevo día?

151.


Espacio entre el sueño profundo y el despertar desgarrado y lento. ¿Cómo podría denominarlo? ¿Cómo comprenderlo? No sabe a quién acudir, no pudiendo retroceder, no sabiendo avanzar. Parálisis en un terreno neutro donde no es nadie.

150.


Extraña sensación nocturna en que los sueños resultan ser su verdadero mundo (todo) y que cuando despierta ha perdido algo (todo)

149.


Emulando al de Hipona: Duda y haz lo que quieras. Al repetirlo me doy cuenta de que la sintaxis ofrece una perspectiva falsa. Si dudas no podrás hacer lo que quisieras, sería la expresión empírica correcta. No se te va a permitir, no te van a conceder, no tendrás espacio. Rehago la frase: duda y piensa lo que quieras, aunque el pensamiento se aborte en tu interior. Nihilismo.

148.


¿Tener certeza de que tengo dudas? Una interesante solución de compromiso.

147.


Me enorgullezco de mis dudas, aun sabiendo que mi bando es el eterno purgatorio de los perdedores.


146.


Una frase de Charles Bukowski me sale al paso. El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que la gente ignorante está llena de certezas. ¿Será esa la explicación a la devastadora gobernación de los torpes, que padecemos por doquier?

145.


Las calles y plazas de una ciudad están repletas de elementos que atraen la curiosidad de un niño. No hay nada más entretenido para él que mirar y más si es inducido a mirar. Las miradas siempre se convierten en preguntas, que siempre conducen a nuevas miradas y, por lo tanto, a nuevas preguntas.


144.


Me la apunto como la frase del día, escuchada al vuelo. Un niño que va de la mano de su padre exclama al aproximarse ambos a un árbol frondoso cuyas ramas llegaban hasta el suelo. Mira, papá, un pino. Su padre le corrige con suavidad: no es un pino, es un tejo. El niño repite, en un alarde de concentración natural: es un tejo. ¿No estaba siendo todo un tratado del aprendizaje y de las ganas de aprender, probablemente los dos?


143.




Hay un modo de poner coto a los pensamientos melancólicos y a los deseos perversos sobre la muerte. Entregarse a los colores. Ellos expresan más que las palabras. Afinan más que los argumentos. Penetran más que las formas. ¿Y si a la muerte se la pintara de colores?

142.


Nunca entenderé que haya tantos humanos que invoquen la muerte. Y que constantemente trabajen en aras de su victoria.


141.


Descalificad lo que queráis a la muerte. Ella no se dará jamás por enterada.


140.


Iban a hacer el bien y se han encontrado con la muerte, dice el amigo de uno de los fallecidos que pertenecían a cierta ONG en un accidente en India. Como si la muerte supiera de ética. Como si la muerte eligiera sus víctimas en base a las conductas humanas. Como si a la muerte le importara la bondad o la perversidad. Como si la muerte se rigiera por principios de justicia. Si los que hacen supuestamente el bien estuvieran exentos de la muerte, ¿existirían malvados en el mundo?


139.


Algunos suelen contar que escriben para conocer mejor a los hombres. Cuando escuchas esto, enmudeces y haces un ejercicio de enarcar las cejas, como si reconocieras implícitamente la sabiduría de tu interlocutor. Y pensar que yo solo lo intento para imaginar mejor a los hombres, exclamas en tu interior perplejo.

138.


¿Escribir para llegar a una parte ignota o para retener de alguna manera lo vivido, justo lo que el tiempo ya no te va a conceder?

137.


Hay individuos que buscan un camino. Hay quienes persiguen un guía o maestro. Hay quienes se apuntan a un corpus de fantasía y los que precisan la estructura de un número que proporcione seguridad. Tú, anciano caracol, ¿qué pretendes conseguir con el enredo que te define a cada paso escurridizo que das?



136.


Escribe como defecas: para tu propia satisfacción (Esta ocurrencia podría complementar la cita de Wallace Stevens que aparece como icónica en este blog)


135.


Da rienda suelta y canalizada a cuantas sustancias sobrantes debes evacuar y habrás recorrido una buena parte del sentido de tu existencia. Sin esa regla ni Platón, ni Lutero, ni Newton, ni Voltaire, ni Einstein habrían hecho llegar a la humanidad su talento discutible. Nunca sabremos, por otro lado, cuánto deben las ideas de cada cual a un correcto o deficiente funcionamiento de sus cavidades varias, en particular de sus intestinos.


134.


Observad que el cuerpo es un ente productor. Una máquina misma, podría decirse. En una cierta parte, de energía. En buena parte, de detritus, emitidos por innumerables conductos cuyo vaciamiento nos da idea de cómo funciona la empresa cuerpo.


133.


¿Dónde empieza tu espiral secreta, caracol anciano?


132.



Imagina y no des explicaciones a nadie.


131.


Nada más lejos de pensar que la imaginación sea la planta adormidera. Sirve para aplacar en ocasiones, pero, sobre todo, para fecundar nuestra capacidad de decisión creativa.

130.


Si hay cita a ciegas que no defrauda nunca ésa es la imaginativa. En nosotros está desarrollar luego su mundo de compensaciones que, desemboque o no en lo onírico, proporcionará el bienestar circunstancial que necesitamos en las horas bajas.


129.


Imaginar para no perecer.


128.


Toma, lee, mira, escucha. Percibe las cosas con la duda de si serán ciertas. No temas imaginarlas, si para ti es un recurso saludable. El efecto placebo de la imaginación discurre por los canales más ignotos de nuestro cuerpo.

127.


Distinguir lo que hay de sincero y lo que hay de falaz en las palabras.  De las ajenas y de las propias. ¿A través del ejercicio de la razón? Pero también por la intuición y sobre todo por el flujo constante de la imaginación. 

126.


La imaginación desarma al adversario. Pero también suele confundir al amigo.

125.


Parte de las cosas que se dicen y hacen, sobre todo desde instancias de gobernación y de autoridad, son inseguras, visionarias y engañosas. Sin embargo, ¿por qué depositamos tanta fe en ellas? O simplemente, ¿por qué las acatamos sin queja?


124.


Muchos temen a la imaginación. ¿Tan poco confían en ella?


123.


Encuentro casual entre amigos. Qué próximos (aparentemente) Qué apartados (de hecho) 

122.



Se pregunta de cuántos rostros está dotado el arte. Cuánto de rostro descarnado y cuánto de máscara hay bajo la epidermis formal de la creación artística.

121.


El arte como publicidad. El poder de las imágenes viene desde el principio de los tiempos no tanto para iluminar las mentes como para sujetarlas a las intenciones de los mismos patrocinadores del arte. 



120.


El arte como objeto a manipular. El arte como sujeto de insumisión.

119.


Pero el arte, ¿no es consecuencia de todo aquel mundo simbólico que va de la magia a las creencias animistas, y de los mitos a las representaciones religiosas modernas, y de las concepciones teológicas a nuevas visiones laicas del alma humana?  Acaso, pero trazando siempre un perfil autónomo y rebelde, la estética, más allá de las ideas que cundan en cada tiempo.


118.


Los seres imaginarios laicos arrastran todavía mucha impronta de los mitológicos y, en concreto, de los religiosos. Tienen encanto mientras manifiestan una traslación literaria y, en general, de expresión artística. Son perjudiciales cuando esas connotaciones cuya irracionalidad tanto nos seduce en la contemplación creativa se proyectan para adecuar la organización social, controlar las pautas colectivas e incidir en la conformación ideológica de los individuos. 

117.


Que lo que razones no lo impongas nunca a los otros. Primero piénsalo dos veces, para poner a prueba la razón y el razonamiento. Después, deja que el otro acepte o no tu propuesta. Probablemente él necesite un tiempo diferente para asimilar, simplemente porque su ritmo es distinto, su capacidad de asimilación más lenta y su estómago intelectual tenga otra contextura.
  

116.


¿Cuánto es tangible y cuánto imaginado, o deseado, en las horas vividas cada día? Computarlo y medirlo nos asombraría. Hagamos la prueba.


115.


Que lo que imagines no lo impongas jamás a los otros. 

114.


No te apoques si lo que escribes es imaginario y te apetece creer en ello. También es parte de tu autobiografía.

113.


El ser humano se ha rodeado de seres imaginarios a lo largo de toda su historia. Antes porque los necesitaba para sostenerse en medio de tantas adversidades. Hoy para no ceder a la abulia. Y siempre para gozar de la recreación. A través de lo imaginario el humano mortal se genera por una segunda vez.  En esta ocasión como producto imaginario de sí mismo. 

112.


No me puedo permitir un dios. Sería una frivolidad a estas alturas.

111.



¿Quién dijo torpes? Controlan los gobiernos los más listos. Los gestores próximos no suelen ser sino mandados. Refrendados por otros mandados, nosotros, de estamento inferior. Nuestros gobernantes visibles son como mucho cachicanes de la finca o pastores de rebaños. A los verdaderos hacedores de las vidas humanas y sus destinos apenas se les ve desde nuestro ángulo de la geometría social.

110.


Una voz en off con sorna, ante mi comentario anterior: prueba a ver si tú lo haces mejor, listo. No. Precisamente porque soy consciente de mis deficiencias no me metería en camisa de once varas. Es decir, a gestionar lo ajeno. Tampoco me apura ansia alguna por creerme importante ni para ingresar en el gremio de los vanidosos ni los influyentes. Mucho menos por aprovecharme de la coyuntura pública para sacar provecho personal, que es lo que se lleva.

109.


Nos gobiernan siempre los ignorantes, sin duda. Si bien ellos no admiten que lo son. Controlan amplios espacios, gestionan territorios complejos y disponen de abundancia de mecanismos no aprovechados correctamente, todo ello respaldado por resultados electorales relativos y estrechos. El resultado suele ser la incapacidad para resolver. Incapaces de reconocer sus deficiencias la gestión pública está cada vez más abocada a la ausencia de resultados beneficiosos para el común. A éste, el ciudadano de a pie, solo le queda el desasosiego y  la impotencia de tener que soportar tanta mediocridad.

108.


Hartazgo a causa de escuchar constantemente el mantra obtuso de que si energía positiva o que si energía negativa. Fruslerías. No hay más que una clase de energía. La misma que generamos o que desechamos. Como mucho se trata de la misma energía que se utiliza para obtener el bien y que se desencadena para perjudicar. 

107.


Planeamos con el máximo de datos lo que vamos a hacer los días siguientes. La voluntad con que tratamos de corresponder a las previsiones no siempre es premiada con el éxito. La vida cotidiana es un constante ejercicio de levantar y desalojar pequeñas cabañas de intenciones.

106.


Falso dilema. Por una parte el pasado es un estado de pérdida, para siempre. Por otra, el futuro no es un estado real sino como mucho probable. Vivimos en un dilema equívoco entre dos nadas. Nuestros salvavidas son el recuerdo, en un caso, y las previsiones, en otro. Y siempre, la espera.



105.


Quienes recurren machaconamente a la exaltación de sus raíces, ¿no será que desconfían de su futuro?

104.


Desprecia a quienes evocan la muerte. Detesta a los que la invocan.

103.


En parte te explicas por tus raíces, pero ¿en qué parte de ti se reconocerían tus raíces?

102.



¿Dices que quieres crecer sin romper con tus raíces? Muchos lo han intentado, pero solo han hecho de su vida un manojo de raíces mayor. 


101.


El paisaje es siempre ilimitado. Pero el cansancio limita al viajero que contempla el paisaje y quiere seguir disponiendo de él.

100.


¿Eran todas las costas que Odiseo divisó, y en las que recaló, su costa? Lo eran, sin duda. Nunca hay una sola meta. Mientras las recorrió supo que para el navegante audaz no hay principio ni fin.

99.


Miente (se miente) porque las palabras le parecen a veces muy gruesas. Debería aceptar que el naufragio es algo probable cuando la navegación se impulsa en exceso y no se endereza el rumbo. Demasiados vientos, unos cuantos monstruos y poco conocimiento del calado pueden provocar la deriva fatal. Cuando tampoco se tiene claro hacia qué costa dirigirse el náufrago se aferra a cualquier costa. Luego ya se verá.

98.


Demasiado optimista, dice no creer en los naufragios. Si nunca fue náufrago ¿por qué iba a sentirse tal a estas alturas de su vida? Su otro yo le susurra: ve a saber lo que vendrá.

97.


¿Al pairo del azar? Por qué no. Que los vientos soplen y le lleven a costas desconocidas.


96.


Prefiere la geografía de los cuerpos. No tanto la visible como la oculta. Aquella cuya capacidad por la sorpresa destaca su admiración irresistible.

95.


Prefiere los accidentes geográficos a la geografía de las naciones.

94.



Aquel hombre hablaba tanto y tan constantemente de la muerte porque pretendía desprestigiarla. Así la voy demorando, aclaraba, porque ella me escucha. Según iba haciéndose más viejo sus amigos, los que iban quedando, le decían: lo estás consiguiendo. Y él, ufano, respondía: y si es posible pretendo abolirla. Se pasó la vida entera en el empeño. Si al principio criticaba con cierta corrección a la muerte más adelante no dudó en denigrarla, actitud asombrosa que a la muerte, que le oía siempre, le producía gracia y la vez tristeza, pero que siempre la descolocaba. Desaparecieron todos sus amigos y gran parte de familiares de su edad, y él no cejaba. Consciente de tal esfuerzo meritorio, la muerte, sabiendo que no podía hacer una excepción, le premió con el mejor de sus rostros. Cuando agonizaba el hombre, con una sonrisa, alcanzó a decir a la muerte: te he vencido. Admirada de la inocente soberbia y de la entrañable resistencia del hombre, la parca le premió con lo que algunos llaman la buena muerte. Cuentan que la muerte, que no tiene sentimientos, aquel día lloró.


93.


Aborrecí siempre las disquisiciones con conclusiones equívocas acerca de la muerte. Las practicaban en demasía los clérigos en sus admoniciones espirituales. Ejemplos muy ilustrativos, convenientemente manipulados, para generar angustia. A cambio ofrecían la iniquidad de la promesa de su falso cielo. Creo que aún se practica ese subproducto del artificio en diversas religiones.

92.


Es fácil y cómodo parlotear sobre la muerte. Siempre es una ficción. 

91.


A veces pienso si no será la muerte la que nos hace sobrevivir, y no la vida en sí misma. No se explica, si no, el historial de violencia de la humanidad y cómo unos seres se erigen en supervivientes sobre los cadáveres de los demás. ¿No es lo mismo que acontece en las otras especies animales?


90.


Vivimos aferrados a un sentido de propiedad extrema sobre la vida. Nada que objetar. Sin embargo incurrimos en la contradicción de maltratarnos a nosotros mismos, de perjudicar a otros y de llegar también hasta el extremo de arrebatar ese derecho de propiedad a quien se nos ponga por delante, llegado el caso. Normalmente, esta tropelía última la mayoría de los individuos la ejercitamos por mediación. Delegando. A través de una guerra, para la cual damos carta blanca a los más infames de nuestra sociedad.


89.


Nunca he sabido por qué tenemos que hacer uso del lenguaje, del pensamiento o de la razón, mecanismos todos útiles en y para la vida, para justificar un acontecimiento que no necesita ser explicado. Es decir, nuestra desaparición. Sin más.

88.


No hay nada cierto en que alguna vez, después de morir, seamos otra cosa. La materia única que fuimos mientras existimos muere con nosotros. No hay más. Si nuestros restos, adquieran la forma que adquieran, dan lugar a nuevas combinaciones con la naturaleza a mí me da igual. Eso no implica que yo sea un nuevo ser. No hay segundas oportunidades. Ni falta que hace.

87.


Ignorar la muerte es desconocer la vida.


86.




Armonía corporal: cuando los sentidos y la conciencia juegan la partida de la levedad.

85.


Creemos ser jefes de nuestro cuerpo cuando no somos sino frágiles siervos.

84.


Cómo entienden las bacterias que regulan el otro corazón del hombre, el sinuoso y subterráneo, antes de que proceses el razonamiento y controles tu inquietud.


83.


Esa capacidad de comprender con sinceridad y en todas sus dimensiones el mundo que te afecta reside en tus intestinos.

82.


El primer ejercicio de pensamiento del día se expresa con las tripas. Mi otro yo, celoso guardián de la mente racionalista: ¡blasfemo! Yo, justificándome: son las primeras que detectan el día que va a venir antes de que el hombre se ponga en marcha.

81.


El pensamiento, feliz e impuro transeúnte del silencio. El no pensamiento, sumiso esclavo del ruido. Que me perdonen los budistas mi antitética interpretación.



80.


Desenmascarar el ruido, es decir las filosofías huecas, los principios comúnmente admitidos, los dogmas y demás secuelas de las doctrinas religiosas, la hojarasca laica, la costumbre y la tradición tan sacramentadas que bloquean cuando no impiden el fluir del silencio. Pero, sobre todo, desenmascarar la publicidad arrasadora y extensiva de nuestros días.

79.


Lamento desilusionar. Los sueños tampoco son el silencio que urgimos. Acaso ni siquiera un sustituto. Los sueños son la continuación del ruido exterior.

78.


¿La muerte como auténtico silencio? No tiene mérito, no vale. Ya no se da la instancia humana. Para que el silencio tuviera valor debería darse en el organismo, no ignorando definitivamente el cuerpo.