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El azar nos acompaña. Permanece despierto a nuestro lado. Dentro de nosotros incluso. No solo está ahí la voluntariedad humana, tan visible, tan controlada, tan exhibida por la especie en sus actividades. El azar está latente, sigiloso, inesperado. Sucede todos los días con las pequeñas cosas que se nos alteran. A veces ocurre de manera excepcional y con un tono excesivo. Lo llamamos entonces catástrofe.