En la sucesión imparable de los primeros días de un nuevo año te encuentras con gente que aún invoca el mantra y pronuncia la palabra feliz. Feliz, felicidad, son palabras totémicas que ni siquiera son consideradas al ser emitidas. El convencionalismo se ha impuesto y quien las utiliza ni siquiera se plantea si ciertamente, de corazón, como se suele decir, se lo desea al receptor, aunque implícitamente parezca suponer un deseo benevolente. Pocos matizan si lo que quieren para el otro es salud o que vaya bien su vida, en todos sus aspectos. Alguno se permite incluso una leve reflexión, que el receptor, en este caso yo cuando me lo comunican, agradece. Como es de agradecer huir del vocablo manido o la frase tópica, que suena tan vacua.