Cada día al levantarte y leer o escuchar las noticias sientes un sobresalto. Piensa entonces qué sentirán aquellos que, en países donde la gente padece a manos de instigadores propios y ajenos, son hacedores reales y sufrientes de las noticias. El sobresalto para ellos debe estar en la circulación sanguínea y no siempre les protege de huir del peligro.